Desarrollar el ojo teleforoide
- julietaalvarez0
- 22 hours ago
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Escrito por Andrea Mackie Greene

Aprender algo nuevo es como mirar una nueva escala de colores. Para encontrar hongos del género Thelephora, hay que desarrollar el ojo teleforoide y aprender a distinguir la escala del marrón.
Cuando desarrollas el ojo teleforoide aprendes a reconocer distintos tonos de café: café tierra, café árbol muerto, café madera recién caÃda, café madera podrida, café hojarasca… hasta que logras distinguir el café Thelephora.
Muchas Thelephoras tienen formas costrosas. Estas costras abrazan los restos de árboles caÃdos y se adhieren a la corteza rugosa de sus troncos. Aunque, en realidad, podrÃan abrazar cualquier cosa, casi siempre prefieren la madera. Por debajo del suelo, sus hifas se extienden hasta las raÃces de los árboles, donde intercambian nutrientes y mensajes.
Yo nunca habÃa visto Thelephoras en vivo, sólo en fotos. Seguramente me las habÃa encontrado antes sin haberlo notado: la mayorÃa de las veces sus colores marrones se confunden con el suelo o con la madera.
Las Thelephoras son color tierra, color barro o color canela.
Hay quienes dicen que es muy difÃcil, o casi imposible, encontrarlas. Pero lo más probable es que hayan pasado desapercibidas por no haber desarrollado el ojo teleforoide. Quien desarrolla el ojo teleforoide sabe que es posible encontrar en un mismo dÃa diez, veinte o hasta cincuenta ejemplares. Aunque también hay dÃas en los que no se encuentra ninguno.
—Hay que buscar debajo de los troncos caÃdos —dice Douglas.
Estuve alrededor de dos horas buscándolas, levantando troncos caÃdos, cuidando que no hubiera nada peligroso debajo de ellos. Cuando encontraba costras marrones adheridas a la madera corrÃa a mostrárselas a Julieta.
—¿Esta es?Â
—No —dice Julieta.
 —¿Y esta? —Tampoco. Ese es un saprobio. FÃjate bien: puedes saber que un hongo es saprobio porque crece siguiendo la orientación de la madera.
Afiné la vista. Era verdad: el hongo crecÃa siguiendo las comisuras de la madera, como si tuviera que descifrar su pequeño laberinto para poder degradarla y alimentarse de ella.
—Las Tomentellas brillan diferente —dice Julieta.
Cuando encontramos la primera Tomentella, lo entendÃ. Parecen aterciopeladas y, al mirarlas con una lupa, se asemejan a una cadena montañosa vista desde un avión. Algunas tienen una textura tomentosa (de ahà el nombre del antiguo género Tomentella, morfologÃas costrosas que ahora también pertenecen al género Thelephora).
Ese dÃa parecÃa no haber suerte. Pensamos que regresarÃamos al laboratorio con las manos vacÃas. Pero, al parecer, después de permanecer unas horas en el bosque, la vista se afina y comienzas a notar cómo se camuflan entre los tonos marrones del suelo.
Cuando por fin habÃamos afinado el ojo teleforoide, comenzaron a aparecer las primeras Thelephoras clavarioides. A diferencia de las costrosas, estas parecen pequeños corales terrestres: corales marrones que extienden sus ramificaciones para liberar esporas invisibles para nuestros ojos. Cuando las observas al microscopio, sus esporas también son marrones y ornamentadas. Se ven muy punk si me lo preguntas.
A pesar de que estos hongos se asocian con una gran diversidad de plantas y están presentes en casi todo el mundo, siguen siendo poco estudiados. Conocerlos mejor es fundamental para comprender y conservar nuestros ecosistemas. Por eso es importante seguir entrenando la mirada y, poco a poco, desarrollar el ojo teleforoide.